domingo, 25 de noviembre de 2012
jueves, 22 de noviembre de 2012
Daniel "Pipi" Piazzolla: la música en la sangre
Por Sofía Zavala
Astor Piazzolla se nos escapó: le tocó ser
marplatense.
Pero no nos podíamos quedar sin ningún integrante de
esta familia emblema en la música porteña.
Daniel “Pipi” Piazzolla es el mismísimo nieto del
gran Astor y como no podía ser de otra manera, deslumbra en el mundo de la música.
Por suerte, el sí nació en nuestra tierra, en la Ciudad de Buenos Aires.
Daniel Piazzolla lidera desde marzo de 1999 la banda
Escalandrum, en la cual se desempeña como baterista. Allí lo acompañan DamiánFogiel (saxo tenor), Nicolás Guerschberg (piano), Gustavo Musso (saxo alto y
soprano), Martín Pantyer (saxo barítono y clarinete bajo) y Mariano Sivori
(contrabajo).
El sexteto viene triunfando desde hace mucho, lleva
veinte países recorridos, seis discos editados y fue distinguido con decenas de
premios. Pero en 2011 Pipi Piazolla sintió que era el momento que muchos
esperaban: tocar la música de su abuelo. Así fue que un día llevó las
partituras de Lunfardo a un ensayo y a todos les gustó como sonó.
Finalmente, luego de una minuciosa selección de temas
y un duro ensayo, Escalandrum presentó su sexto álbum: Piazzolla plays Piazzolla.
“No sentí presión. Tenía que hacer lo mejor porque es
mi abuelo. Mi familia”, declaró Daniel en una entrevista para Clarín. Además
brindó una excelente descripción (bien porteña, por supuesto) de la obra de
Astor Piazzolla: “Uno escucha la música de mi abuelo, desde lejos, desde el
exterior, y siente que está por avenida del Libertador o por avenida Corrientes,
es inevitable ese sentimiento, a cualquiera le pasa”.
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Sofia Zavala
viernes, 16 de noviembre de 2012
lunes, 8 de octubre de 2012
"La fugitiva", un videoclip con sangre porteña
Por Sofía Zavala
Hace poco hablamos en el blog sobre La Flor de Barracas.
Hoy me encontré con el videoclip recién estrenado del tema "La Fugitiva" interpretado por Kevin Johansen y Natalia Lafourcade. ¿El escenario? Este hermoso cafetín de Barracas.
Los invito a ver el video, disfrutar del tema, y deleitarse con La Flor.
Hace poco hablamos en el blog sobre La Flor de Barracas.
Hoy me encontré con el videoclip recién estrenado del tema "La Fugitiva" interpretado por Kevin Johansen y Natalia Lafourcade. ¿El escenario? Este hermoso cafetín de Barracas.
Los invito a ver el video, disfrutar del tema, y deleitarse con La Flor.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Tango
potencia
Por Nicolás Marsico
La Orquesta Típica Fernández
Fierro, todas las semanas toca en su guarida. Ese lugar ubicado en Sánchez de
Bustamante 764, barrio de Almagro, que desde el 2004 paso de forma definitiva
de ser un taller mecánico a convertirse en el CAFF, Club Atlético Fernández
Fierro, y tener su orquesta típica.
Con doce músicos en escena, cuatro
bandoneones, tres violines, una viola, un violoncello, contrabajo, piano y voz,
todos los miércoles, la Fernández Fierro inunda su club del 2X4, clásico por
momentos, y de su tango más
revolucionario, parecido a las composiciones del maestro Astor Piazzola, por otros.
Al CAFF se llega temprano. Una hora y media
antes de que comience el show es lo recomendable. Se toma una mesa que ya puede
estar reservada o no, y se pide una cerveza fría o un vino tinto para abrir la
noche. Se hace tiempo, se charla con amigos, o con personajes de las otras
mesas, que pueden ser desde desconocidos hasta personalidades de la literatura
y el periodismo como lo es Cristian Alarcón, y solo se habla de la música o de
la potencia de la orquesta cuando toca.
De a poco el lugar se llena, y a medida que
pasa el tiempo, el público, empieza a reclamar la presencia de los músicos, que
se hacen desear hasta las 23 en punto,
momento en el que el primer acorde de contrabajo toma el rol protagónico
y corta como un hacha el sonido ambiente del club.
Cuatro discos, de producción independiente
en la Argentina, más un disco con grabaciones en vivo de su gira por Europa,
conforman toda su discografía. Todos temas que se caracterizan por darle una
alternativa al circuito de tango clásico que se mantuvo estable con el correr
de los años, pero que hoy encuentra de la mano de estos músicos jóvenes una
puesta en escena y un sonido más violento, que como dicen los integrantes de la
orquesta tiene más coherencia con el mundo actual sobre el que hablan y componen.
La mayor parte de su repertorio está
conformado por temas clásicos de grandes compositores como Osvaldo Pugliese y
Santos Discépolo pero con arreglos
propios.
Federico Terranova (Violín), Pablo Jivotovschii (Violín), Bruno Giuntini (Violín), Juan Carlos Pacini
(Viola), Alfredo Zuccarelli (Violoncello), Yuri Venturín (Contrabajo), El ministro (Bandoneón),
Julio Coviello (Bandoneón), Pablo Gignoli (Bandoneón), Eugenio Soria (Bandoneón),
Santiago Bottiroli (Piano) y Walter Chino Laborde (Cantante), son todos los
integrantes de la orquesta que como característica adoptó la potencia sonora.
Sin duda el condimento que hace que
todas las semanas llenen al CAFF, con un dato que enorgullece al grupo, el público
joven amante del tango encontró donde escuchar su música.
La Flor de Barracas, auténticamente porteña
Por Sofía Zavala
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| La Flor de Barracas fue nombrada sitio histórico por la Legislatura porteña |
“Ha sido
sitio de reunión de los carreros que iban o venían del Sur, su primer nombre “La Puñalada ” recordaba la
gran cantidad de duelos criollos. Memorables payadas se han producido entre sus
paredes y, ya en el siglo XX, formó parte del circuito de reductos donde las
primeras orquestas típicas habían tocado tango. El registro municipal data de
1912, pero los vecinos sostienen que es anterior a la Escuela Normal N°
5, que cumplió cien años”, se lee en la ley sancionada el jueves pasado en la Legislatura porteña
que declaró a La Flor de Barracas como sitio histórico
Este reconocido
lugar de encuentro entre los vecinos del sur de la ciudad queda situado en
Suárez y Arcamendia. Una esquina con mucha mística, y que estuvo a punto de
quedar en el olvido en 2009. El bar estaba cerrado, el edificio muy deteriorado
y el cartel de venta hacía que los vecinos piensen lo peor: la demolición del
bar histórico. Pero La Flor
renació, y de la mejor manera.
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| El bar antes de ser recuperado |
Victoria Oyhanarte
cuenta que casi no conocía Barracas pero que “el barrio la enamoró”. Cuando
compró el edificio ni pensó en el bar, ella buscaba hacer una inversión. Pero
Oyhanarte, al adentrarse en el barrio, se dio cuenta que La Flor era fundamental en la
dinámica de Barracas. Y ahí se dio cuenta que no se le podía sacar a la gente,
y a la ciudad, un lugar tan especial.
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| Los ñoquis de sémola rellenos |
“Cuando lo compré
no quise cerrarlo y dejar a sus parroquianos sin su cafetín, y hasta la antigua
dueña me agradeció que siguiera adelante; pero es una gran responsabilidad
también”, cuenta Victoria. Una responsabilidad que la sabe llevar muy bien. Como
no podía ser de otra manera, su oferta gastronómica es bien porteña. Los ñoquis
rellenos son su especialidad.
Así, La Flor brilla como lo solía
hacer antes. Conserva su piso de baldosas calcáreas original. También sobrevive
la barra de madera, con cientos de botellas de licores, infaltable en un tradicional
cafetín. La energía abunda en La Flor de Barracas que permanece abierta de lunes a sábados,
una energía bien porteña y singular.
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| La Flor de Barracas, en la esquina de Suárez y Arcamendia |
"La Gran Taberna", un bodegón con todas las letras
Por Jazmín Román
La gran taberna es uno de esos lugares donde la cabeza no para de girar cuando uno entra. No
alcanza la vista para ver las estanterías repletas de objetos, que se esconden
en cada rincón de este famoso bodegón porteño. El olfato activa un interminable
ritual de diversas fragancias y perfumes que emanan los jamones, los salames,
los salamines y las trenzas de ajo. Un sinnúmero de latas de morrones en
conserva y frascos de ajíes en vinagre son parte de una decoración alegre que
levanta el espíritu y alienta al buen comer. Sin dudas, en este lugar hasta los
menos “mirones” se convierten en activos observadores.
“Lo que define al bodegón es la sensación de pertenencia a la ciudad, que transmite a través de la abundancia y accesibilidad de su comida, de su ambiente y de la tipología de clientes que lo frecuenta. Es un lugar para todos. Sin excepciones”, narra Pietro Sorba en la tercera edición de su libro titulado Bodegones de Buenos Aires.
Sin dudas, ir a comer a un bodegón no significa simplemente “comer”. Significa, nada más y nada menos que experimentar un par de horas de inolvidable y auténtica vivencia porteña.
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| Las banderas de España y Argentina son un ejemplo de la cocina hispanoporteña |
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| Los jamones y las trenzas de ajo colgando del techo son un sello del bodegón |
Este bodegón se encuentra en
Combate de los Pozos 95, Congreso, y está abierto todos los días, tanto al
mediodía como a la noche. La tranquilidad visual no cesa cuando uno se sienta,
sino que aumenta al ver la carta, que tiene más de cien platos a disposición.
Cuando la comida llega a la mesa queda al descubierto la verdadera porción
porteña. Es realmente impactante en tamaño y cantidad.
La gran taberna comienza su actividad en 1976 y desde ese entonces ofrece lo mejor de la comida
hispanoporteña: tortillas, arroces con mariscos, rabas, puchero, mondongo y
paellas. Y tiene un plus: este local es uno de los pocos de la ciudad que
ofrece con continuidad perdices, vizcachas y liebres.
Si hay algo muy interesante
con respecto a los mozos del bodegón, es que recuerdan los pedidos sin anotar.
Hay muchas mesas, y el espacio es bastante reducido entre una y otra, pero es
un detalle irrelevante, porque es propio de la esencia de este lugar.
Mario Baranzuk, mozo de La gran taberna desde hace ocho años,
trabaja todo el día, y conoce cada uno de los 416 platos que componen la carta.
"Este bodegón, que está ubicado a metros del Congreso Nacional, además de
los clientes habituales y los turistas, siempre estaba lleno de legisladores,
que en sus largas sesiones tomaban un tiempo de receso, y muchos de ellos lo
aprovechaban comiendo en este lugar. Y estaba continuamente lleno de gente.
Actualmente, como las condiciones políticas son otras y se vota rápidamente,
los diputados y senadores se retiran y no paran a almorzar o cenar",
cuenta Baranzuk, mientras se despide de los clientes de la última mesa que
queda a las 17. “Lo que define al bodegón es la sensación de pertenencia a la ciudad, que transmite a través de la abundancia y accesibilidad de su comida, de su ambiente y de la tipología de clientes que lo frecuenta. Es un lugar para todos. Sin excepciones”, narra Pietro Sorba en la tercera edición de su libro titulado Bodegones de Buenos Aires.
“Ojalá que fluya. Que vengan todos los que quieran a probar
nuestros platos. Es un gusto para nosotros”, sonríe contento, relajado,
Baranzuk, que vuelve a trabajar en dos horas. Por ahora, lo único que desea es
sacarse el moñito del traje y sentarse un rato.
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| Mario Baranzuk, uno de los mozos con mayor antigüedad en el lugar |
Sin dudas, ir a comer a un bodegón no significa simplemente “comer”. Significa, nada más y nada menos que experimentar un par de horas de inolvidable y auténtica vivencia porteña.
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